y sus instantáneas reinventadas

Todos aquellos momentos que no encajan en un album familiar quizás si puedan encajar como forma artística a lo largo del mundo. Lo que pierde capacidad de evocación de momentos íntimos de una familia concreta, quizás repintado pueda ser apreciado y aprovechado por cualquier espectador.

Quizás esto mismo debió pensar Gerhard Richter (Dresde, Alemania, 1932) cuando decidió pintar parte de todas las instantaneas que por un motivo u otro ya habían dejado de ser del gusto de la familia para su contemplación per se.

Para ello tomaba las fotos repetidas o menos queridas y las arrastraba sobre una capa de pintura fresca , al albur de la resituación de ésta en la foto, a veces con resultados sorprendentes pero siempre originales.

Su técnica es como la de un arquero japonés que le diese más importancia a la forma de disparar la flecha que al hecho de dar en la diana, y su resultado confería una nueva dimensión a las fotos que con un simple y casual dripping.

La exposición de Madrid cuenta con 400 fotografías tomadas a lo largo de 20 años, y cada una con su fecha de ejecución (de la foto). Paisajes alemanes, ciudades alemanas, Florencia, lugares vacacionales del Mediterráneo… todo puede ser tratado pictóricamente, dando igual en que época del año esté tomada la foto. En algunos casos pinta la cara del retratado para que no sea posible reconocerle, otras lo enmarca, para todo lo contrario. O en montes nevados pinta de manera que simula un sol que podría derretir toda esa nieve; o hacer que un huracán azote la tranquila superficie de un lago de montaña.

Y en todos los casos jugando con la capacidad de intromisión del espectador en unas fotos que de ser un postergado retrato familiar pasan a ser un activo muestrario de obras artísticamente pictóricas.

Algunas fotos las emborrona completamente, como si una niebla persistente se cerniese sobre ellas, en otras combina colores que hacen de acompañamiento al motivo arquitectónico principal de la foto. Y otras reinterpreta su sentido de la estética contemporánea usando la foto como nuevo soporte, salvando muy poco de ella.

Las técnicas pictóricas empleadas para dar vida a las fotos son las propias del expresionismo abstracto europeo en general y de Hans Hartung en particular merced a que Richter se formó como pintor en los 50 y en 1962 expuso por primera vez, año en el que todavía en Alemania no se había impuesto el movimiento POP (ya que Alemania fue menos receptiva a ese nuevo movimiento por ser más amantes de la pintura pintura que en otros lares) y por sus intensas y provocadoras combinaciones de color y es viva muestra de ser un eslabón de la continuidad y avance en la evolución plástica alemana.

Y como poco el resultado de un amante de la “pintura pintura” que no se resigna a que la pintura desaparezca (pese a la pujanza de otras formás estéticas plásticas y no plásticas) y la reinventa, reciclando viejas fotos que de otra manera no serían expuestas al Gran Público.

Ramuntcho Robles Quevedo
Crítico de Arte