Nuevamente estoy en comunicación con Uds. remitiéndoles mi última obra, que integrará mi próxima exposición en Noviembre. Mientras tanto, en estos últimos meses estuve como invadido por un libro que me fascinó: “El Pasado” de Alan Pauls, obra que me conmovió por su amplitud respecto de esto tan peculiar en la raza humana que es la búsqueda del amor, o el pretender creer que estamos en presencia del Gran Amor y repentinamente un pliegue de la situación nos revela que no estábamos en la relación de amor que suponíamos.
Los dos protagonistas Sofía y Rimini están enamorados y consustanciados con la obra de un pintor austríaco llamado Jeremy iltse, pintor del llamado sick art y que remite compulsivamente a poner el cuerpo en la obra, o partes del cuerpo o pretender que esas partes del cuerpo o todo el cuerpo sea la obra en sí, la sangre, el vello pubiano, un órgano mutilado, el glande, todo esto expuesto como objetos de arte.
Evidentemente que todo ello me remite a “la fuente de la vida” de Duchamp con su inodoro o los auto-retratos de la artista mejicana, los trajes de piel humana de otra artista argentina.
Los dos personajes de la obra de Alan Pauls, ponen más que su propios cuerpos en la relación y los convierten más que en dos enamorados en dos amópatas, donde el amor pasa a ser algo que a cae en el terreno de la patología, como el pretendido placer de ver al tiburón en formol de Damien Hirst.
Qué diferencia existiría entre todo esto relatado anteriormente y esta idea mía del arte como expresión biológica semejante a la acción de soñar, fantasear e imaginar otras situaciones humanas que sublimen un tanto las tremendas frustraciones y limitaciones que tiene el ser humano?
Nuevamente estaríamos ante la situación de una mutilación de una parte del cuerpo humano, pretendidamente arte, o las lágrimas que pueden fluir ante un cuadro de Chagall, cuando pone en el hombre de Vitebsk con su violín huyendo por los techos de un villorio ruso.
Nuevamente estamos frente a la dramática situación de tratar de definir qué es el arte?
Es el dibujo de un psicótico, sin represión alguna, una obra de arte? Recuerdo cuando trabajaba en el Hospital Borda, la cantidad de dibujos y pinturas, puro instinto, toda la libertad, pero qué difícil sería convivir con todo ello en el living de mi casa.
La obra que presento ahora pregunta sobre la posibilidad de que nos crecieran alas, adónde iríamos? ¿Añoraríamos esas torres que son nuestros habitáculos seguros, a pesar de ser un mundo poblado con sus dichas y sus penas?
¿Sería también el acto de mirar una obra de arte, un acto de fe? ¿Deberíamos entonces definir qué es fe? ¿Fe sería creer en todo lo que no se ve y dejar de creer en lo que sí se ve?
Y si luego del acto de fe y para que la obra me toque, introducirme en los colchones, superficies lúdicas de Minuhim y reírme?
Isaac Lerer

